Crónicas montañeras
Gustavo Borges
Caminante, no hay camino: hay que darle en yises y 4x4
Nada fácil para los habitantes de la Zona Sur de Acevedo, en Miranda, el diario transporte por sus rebeldes caminos y trochas. Mucho menos para el visitante ocasional que por aventura o trabajo social se interna en estas montañas de Guatopo.
Partiendo desde San Francisco de Macaira en el estado Guárico, con el cual linda por el norte y finalizando un recorrido duro de más de cuatro horas hasta Panaquire, comunidad no muy lejos de Caucagua, los choferes de la zona, casi siempre cargados de ocumo o cacao y sus correspondientes pasajeros que viajan haciendo malabares encima de los rústicos, cumplen una función social importantísima. Anteriormente, antes de la gestión del gobernador Diosdado Cabello, los carros se podían echar hasta tres días en este recorrido.
Además de representar el único medio de sacar los productos de la zona y de transporte para las mas de 600 familias que allí habitan, estos duros del volante también sirven de ambulancias en las permanentes emergencias que se presentan en las comunidades; bajan y suben a los docentes de los diferentes colegios, las compras de alimentos en los pueblos cercanos como Altagracia de Orituco o Caucagua, o también arrean a los diferentes turistas que en épocas de esparcimiento frecuentan estas verdes montañas con sus ríos y gente de carácter entre alegre y arisco.
Pero además de eso, estos choferes con sus carros son una referencia de obligada necesidad a la hora de los operativos de las diferentes misiones sociales que se tratan de llevar a estas comunidades de cuando en cuando, y así paliar las innumerables necesidades que aún se pueden encontrar a todo lo largo de sus mas de 39 caseríos rurales. Es frecuente verlos cargados de funcionarios y equipos de las misiones Robinson, Barrio Adentro, Mercal u otras.
Pero aun y con toda su experiencia y “maña” en el manejo y conocimiento de los caminos de la Zona Sur a veces se impone la montaña y hace valer su naturaleza agreste y primitiva, algunas veces hasta con saldo de vidas humanas. Hace dos semanas, en apenas dos días tres carros se precipitaron por sendos despeñaderos de los que tanto sobran por allí. No hubo muertes pero sí lesionados.
El recorrido era el normal. La camioneta donada por la Corporación Agrícola del Estado Miranda ya dejaba atrás la población de San Francisco de Macaira y se disponía alejarse del caserío de Casupito, Parque Nacional Guatopo, cuesta arriba, después de bordear el rió del mismo nombre cuando en plena subida se apaga y empieza deslizarse cuesta abajo….
¡ tirense de esta vaina que se va la camioneta!..El grito del chofer más que una orden fue un aviso para el mismo sacar fuerzas y dejar la cabina. Media docena de personas que hacia rato trataban de mantenerse arriba de esta lograron saltar y rodar camino abajo antes de que el carro cargado de compras de mercado y cemento, encargos diarios de la comunidad a los chóferes, fuera a estrellarse contra las piedras del rió, barranco abajo, quedando atrapada en su cabina una viejita de mas de setenta años que no logro salir y que milagrosamente salvo la vida no sin antes tener que ser resucitada y enviada al hospital a mas de 20 kilómetros del lugar del accidente.
El yip verde que se encontraba al fondo del valle que “amarra” a la comunidad de Macanilla con La Campechana no pertenecía a ninguno de estos dos caseríos. “Morao”, como llaman al chofer, habita en la zona de la Piedrota y había perdido los frenos la noche anterior yendo a parar al fondo de la pendiente siendo atajado milagrosamente por un árbol que evito que rodara 150 metros barranco abajo y tal vez así salvar la vida. Una pierna quebrada y el singular trabajo de recuperar el carro del fondo del barranco fue el saldo en este caso.
En el sector de Buena Vista, Zona Sur Alta, un “cowboy” de tres 350 cargados de alimentos, intentan llegar a eso de la medianoche a la comunidad de Cerro Pelón para un operativo de Mercal al día siguiente. El recorrido se hace tedioso y peligroso por lo oscuro e intrincado, y por los muchos barrancos a los lados del camino. Ya muy avanzados en el recorrido, los delanteros se percatan de la tardanza del último de los camiones, y se envía a alguien a revisar y no tarda en llegarnos el grito… “¡Perdimos un camión! ¡Está en el barranco, el chofer está atrapado y herido!” Y así transcurriría la noche. Con un camión menos al fondo del voladero, uno de los chóferes con tres costillas fracturadas ya rescatado y setenta kilos de pasta menos en el operativo de mercal.
martes, 7 de octubre de 2008
Editorial
Alternativos
La gente de El Cayapo (probablemente una de las experiencias comunicacionales y de vida más genuinamente contraculturales de este tiempo venezolano) suele ponerse brava cuando uno habla de “medios alternativos”. Dicen estos compas que no hay medios alternativos sino comunicación alternativa, pues la diferencia entre lo que produce la derecha y uno aquí, humildemente, es de contenidos y de discursos, mas no de herramientas. Dicen también nuestros compas de aventura, el23.net, que no hay que insistir en los medios alternativos sino en los comunitarios. Puntos de vista.
Mal que bien, uno ha echado mano de periódicos, radios, televisoras y espacios en Internet, y eso no convierte a esos medios en alternativos: ellos siguen siendo tradicionales, son los mismos de siempre. Lo alternativo es lo que se dice. Lo que se pone en manos, en oídos y ojos de nuestros compatriotas: el otro discurso, el otro pensamiento, la otra reflexión.
Con todo, se contradicen los Cayapos, ya que también gustan de recordar el tiempo maravilloso en que el comunicador cimarrón, el clandestino, el germen revolucionario que tenía cosas que decir, apelaba a instrumentos (medios) no convencionales de comunicación: la hojita suelta, la pepa de aguacate con la que se escribían consignas y resúmenes sangrientos de la realidad nacional, utilizando como plataforma cualquier pared más o menos limpia. Esos medios eran alternativos: esos son los espacios a los que el poderoso consorcio y el magnate de las comunicaciones no volverá los ojos, porque los desprecia. Así que sí hay medios alternativos: los que se inventa el que nada tiene acumulado sino ganas de decir y de crear.
En la gráfica, el camión de Radio Verdura durante la protesta del 27 de febrero frente a Globovisión. Un bonito episodio de la confrontación entre el poder insolente del dinero contra el creador popular en acción.
La gente de El Cayapo (probablemente una de las experiencias comunicacionales y de vida más genuinamente contraculturales de este tiempo venezolano) suele ponerse brava cuando uno habla de “medios alternativos”. Dicen estos compas que no hay medios alternativos sino comunicación alternativa, pues la diferencia entre lo que produce la derecha y uno aquí, humildemente, es de contenidos y de discursos, mas no de herramientas. Dicen también nuestros compas de aventura, el23.net, que no hay que insistir en los medios alternativos sino en los comunitarios. Puntos de vista.
Mal que bien, uno ha echado mano de periódicos, radios, televisoras y espacios en Internet, y eso no convierte a esos medios en alternativos: ellos siguen siendo tradicionales, son los mismos de siempre. Lo alternativo es lo que se dice. Lo que se pone en manos, en oídos y ojos de nuestros compatriotas: el otro discurso, el otro pensamiento, la otra reflexión.
Con todo, se contradicen los Cayapos, ya que también gustan de recordar el tiempo maravilloso en que el comunicador cimarrón, el clandestino, el germen revolucionario que tenía cosas que decir, apelaba a instrumentos (medios) no convencionales de comunicación: la hojita suelta, la pepa de aguacate con la que se escribían consignas y resúmenes sangrientos de la realidad nacional, utilizando como plataforma cualquier pared más o menos limpia. Esos medios eran alternativos: esos son los espacios a los que el poderoso consorcio y el magnate de las comunicaciones no volverá los ojos, porque los desprecia. Así que sí hay medios alternativos: los que se inventa el que nada tiene acumulado sino ganas de decir y de crear.
En la gráfica, el camión de Radio Verdura durante la protesta del 27 de febrero frente a Globovisión. Un bonito episodio de la confrontación entre el poder insolente del dinero contra el creador popular en acción.
ÁCIDO Y BURUNDANGA
¡Peligro!
¡Viene la juventud de AD!
En un momento en que todo el mundo anda en plan de refrescamiento y de cederle el testigo a las nuevas generaciones, los herederos de Rómulo y Lusinchi no se podían quedar atrás. ¡No mi amor! Si la victoria les pertenece a las juventudes pujantes que doblegan al pasado a punta de frescura, acá tenemos a este muchacho fuerte y lozano, a esta figura centelleante y pura, cuya imagen no ha sido contaminada por la suciedad de los políticos tradicionales.
Pues no, a CAP no lo han contaminado los políticos tradicionales. Es más: es imposible que nadie contamine a CAP, como es imposible contaminar al Guaire disparándole salivazos. Es más: usted se mea, se vomita o hace cosas más dramáticas en el Guaire y éste quedará igualito. Ni le va ni le viene. ¿Qué es una plasta más pal Guaire?
Así que Carlos Andrés sigue siendo el mejor candidato con que cuentan los adecos para aspirar a lo que sea. Incorruptible el tipo. ¿Cómo hace usted para agregarle mal olor a una cloaca?
Viva la libertad
(y los dictadores que me dieron trabajo…)
La semana pasada estuvieron en Caracas varios viejos ricachones, miembros de un club podrido llamado Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Estos bichos se dedicaron durante tres días a decir que en Venezuela no hay libertad de expresión, pero nadie fue a cerrarles el hocico allá en el hotel donde se reunieron. Uno de ellos es un payaso uruguayo que durante dos dictaduras de su país fue jefe de prensa, es decir, funcionario de los dictadores de turno. Se llama Danilo Arbilla (ese gordo de la foto que ensucia esta página).
Uno de los decretos que dictaron sus jefes asesinos decía esto: “Prohíbese la divulgación por la prensa oral, escrita o televisada de todo tipo de información, comentario o grabación que, directa o indirectamente mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o pueda perturbar la tranquilidad y el orden públicos”. Durante su gestión fue asesinado el director del semanario Marcha, Julio Castro, y fueron secuestrados decenas de periodistas y escritores, se cerraron 173 medios de comunicación, se intervino la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), un sindicato de periodistas, y todos sus dirigentes fueron encarcelados. Más de 500 cochinadas de estas, y este esbirro de dictaduras sangrientas vino a Venezuela a decir que aquí no hay libertad, y se fue tan tranquilo…
¡Viene la juventud de AD!
En un momento en que todo el mundo anda en plan de refrescamiento y de cederle el testigo a las nuevas generaciones, los herederos de Rómulo y Lusinchi no se podían quedar atrás. ¡No mi amor! Si la victoria les pertenece a las juventudes pujantes que doblegan al pasado a punta de frescura, acá tenemos a este muchacho fuerte y lozano, a esta figura centelleante y pura, cuya imagen no ha sido contaminada por la suciedad de los políticos tradicionales.
Pues no, a CAP no lo han contaminado los políticos tradicionales. Es más: es imposible que nadie contamine a CAP, como es imposible contaminar al Guaire disparándole salivazos. Es más: usted se mea, se vomita o hace cosas más dramáticas en el Guaire y éste quedará igualito. Ni le va ni le viene. ¿Qué es una plasta más pal Guaire?
Así que Carlos Andrés sigue siendo el mejor candidato con que cuentan los adecos para aspirar a lo que sea. Incorruptible el tipo. ¿Cómo hace usted para agregarle mal olor a una cloaca?
Viva la libertad
(y los dictadores que me dieron trabajo…)
La semana pasada estuvieron en Caracas varios viejos ricachones, miembros de un club podrido llamado Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Estos bichos se dedicaron durante tres días a decir que en Venezuela no hay libertad de expresión, pero nadie fue a cerrarles el hocico allá en el hotel donde se reunieron. Uno de ellos es un payaso uruguayo que durante dos dictaduras de su país fue jefe de prensa, es decir, funcionario de los dictadores de turno. Se llama Danilo Arbilla (ese gordo de la foto que ensucia esta página).
Uno de los decretos que dictaron sus jefes asesinos decía esto: “Prohíbese la divulgación por la prensa oral, escrita o televisada de todo tipo de información, comentario o grabación que, directa o indirectamente mencione o se refiera a lo dispuesto por el presente decreto atribuyendo propósitos dictatoriales al Poder Ejecutivo, o pueda perturbar la tranquilidad y el orden públicos”. Durante su gestión fue asesinado el director del semanario Marcha, Julio Castro, y fueron secuestrados decenas de periodistas y escritores, se cerraron 173 medios de comunicación, se intervino la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), un sindicato de periodistas, y todos sus dirigentes fueron encarcelados. Más de 500 cochinadas de estas, y este esbirro de dictaduras sangrientas vino a Venezuela a decir que aquí no hay libertad, y se fue tan tranquilo…
Leo ¿qué? ¡Bien lejos!
¿Ustedes saben lo que significa en política un “globo de ensayo”? Lo sepa o no, le echamos este cuento para que le quede clarito.
La mañana del domingo 30 de marzo, en el sector Caño Amarillo, justo donde comienza la subida hacia Monte Piedad (23 de Enero), empezó a producirse un movimiento medio raroso con gente que no es de la parroquia. Llegó una camioneta con unos tubos, un equipo de sonido y todo el perolero ese que tintinea cuando se va a montar una tarima. Unos tipos empezaron a pintar unas barras de hacer ejercicios que están ahí al lado de la plaza donde le hicieron el mural a Danilo Ánderson, y de pronto empezó a sonar música. Un pelo más abajo, después del puente, estaba el mercado popular de todos los domingos.
Una gente de por ahí cerca, gente combativa, bien organizada y con esas antenas a millón, se acercó a los tipos que empezaron en efecto a darle forma a una tarima, y les preguntaron amablemente que qué vaina era esa. Los tipos les dijeron que estaban montando los aparatos necesarios para convocar a la gente a un mitin que iba a dar el puchungo Leopoldo López. Ahí fue que le empezó a caer sal a la merengada, mi hermano. Empezaron a llover mensajes de texto como un deslave y todos los grupos organizados de la parroquia, y también los fantasmas como uno, los solitarios y los adormecidos, se acercaron a ver qué guirinai ni qué nada, esa bruja no va a venir a meter su discurso chimbo aquí. A mí me llegaron como cuatro mensajes igualitos al celular: “Leopoldo López quiere montarse en una tarima en la parroquia”.
La gente del sector empezó a amontonarse, pero no para pedirle autógrafos al alcalde de Chacao (como esas sifrinas de La Castellana que se van en sangre cada vez que pasa el niño ese) sino a exigirles a aquelos hombres que pararan la payasada, que en el 23 de Enero no es bienvenido ningún Leopoldo (ni Castillo ni López) de mis tormentos. Los hombres siguieron echándole piernas como si nada, pero de pronto como que entendieron que la exigencia de la gente era en serio, y entonces arrugaron con un argumento que cónchale, tenían hasta un poco de razón los panas: “Bueno amigo, a nosotros nos pagan por instalar estos aparatos, yo no soy el que va a dar el mitin”.
Llegó entonces parece que una gente del colectivo Montaraz, agarró el equipo de sonido que ya habían montado y empezó a explicarles a los contratados que Chacao queda burda de lejos, como a diez estaciones del Metro, y que cuidaíto con venir a provocar aquí en tierra bravía, como en efecto parece que querían los sifrinos que empezaron a pasar en sus carros por la zona, y unos tombos de Polichacao que ni de vaina se pararon.
Por ahí dicen algunos habladores que el Leo tal se acercó hasta el mercadito, que lo vieron comprando unos pepinos, unas ñemas y par de tusas, el caso es que como a mediodía se acabó el showcito ese y chao, no se dio el mitin de Leopoldo y los muchachos se armaron con una lata de esprai y pintaron ese letrero que ven en la foto, y que recoge el sentir de la tumultuosa mayoría de la parroquia.
Uno pudiera decir: “Ajá, los sifrinos tuvieron miedo, los espantamos”, pero como uno medio ha aprendido política le ofrece a la distinguida concurrencia una hipótesis, una teoría pues: yo creo que eso fue un GLOBO DE ENSAYO. O sea, que el Leopoldo va a intentar venir al 23 cualquier día, pero eso del domingo fue nada más para ver cómo reaccionábamos, qué tan violentos o contentos nos iba a encontrar, y a Dios debería agradecerle que no nos agarró con un dolor de muelas... Es que a estas alturas todavía creen que uno anda muriéndose por ver de cerca a un escuálido, chico, qué desubicao…
La mañana del domingo 30 de marzo, en el sector Caño Amarillo, justo donde comienza la subida hacia Monte Piedad (23 de Enero), empezó a producirse un movimiento medio raroso con gente que no es de la parroquia. Llegó una camioneta con unos tubos, un equipo de sonido y todo el perolero ese que tintinea cuando se va a montar una tarima. Unos tipos empezaron a pintar unas barras de hacer ejercicios que están ahí al lado de la plaza donde le hicieron el mural a Danilo Ánderson, y de pronto empezó a sonar música. Un pelo más abajo, después del puente, estaba el mercado popular de todos los domingos.
Una gente de por ahí cerca, gente combativa, bien organizada y con esas antenas a millón, se acercó a los tipos que empezaron en efecto a darle forma a una tarima, y les preguntaron amablemente que qué vaina era esa. Los tipos les dijeron que estaban montando los aparatos necesarios para convocar a la gente a un mitin que iba a dar el puchungo Leopoldo López. Ahí fue que le empezó a caer sal a la merengada, mi hermano. Empezaron a llover mensajes de texto como un deslave y todos los grupos organizados de la parroquia, y también los fantasmas como uno, los solitarios y los adormecidos, se acercaron a ver qué guirinai ni qué nada, esa bruja no va a venir a meter su discurso chimbo aquí. A mí me llegaron como cuatro mensajes igualitos al celular: “Leopoldo López quiere montarse en una tarima en la parroquia”.
La gente del sector empezó a amontonarse, pero no para pedirle autógrafos al alcalde de Chacao (como esas sifrinas de La Castellana que se van en sangre cada vez que pasa el niño ese) sino a exigirles a aquelos hombres que pararan la payasada, que en el 23 de Enero no es bienvenido ningún Leopoldo (ni Castillo ni López) de mis tormentos. Los hombres siguieron echándole piernas como si nada, pero de pronto como que entendieron que la exigencia de la gente era en serio, y entonces arrugaron con un argumento que cónchale, tenían hasta un poco de razón los panas: “Bueno amigo, a nosotros nos pagan por instalar estos aparatos, yo no soy el que va a dar el mitin”.
Llegó entonces parece que una gente del colectivo Montaraz, agarró el equipo de sonido que ya habían montado y empezó a explicarles a los contratados que Chacao queda burda de lejos, como a diez estaciones del Metro, y que cuidaíto con venir a provocar aquí en tierra bravía, como en efecto parece que querían los sifrinos que empezaron a pasar en sus carros por la zona, y unos tombos de Polichacao que ni de vaina se pararon.
Por ahí dicen algunos habladores que el Leo tal se acercó hasta el mercadito, que lo vieron comprando unos pepinos, unas ñemas y par de tusas, el caso es que como a mediodía se acabó el showcito ese y chao, no se dio el mitin de Leopoldo y los muchachos se armaron con una lata de esprai y pintaron ese letrero que ven en la foto, y que recoge el sentir de la tumultuosa mayoría de la parroquia.
Uno pudiera decir: “Ajá, los sifrinos tuvieron miedo, los espantamos”, pero como uno medio ha aprendido política le ofrece a la distinguida concurrencia una hipótesis, una teoría pues: yo creo que eso fue un GLOBO DE ENSAYO. O sea, que el Leopoldo va a intentar venir al 23 cualquier día, pero eso del domingo fue nada más para ver cómo reaccionábamos, qué tan violentos o contentos nos iba a encontrar, y a Dios debería agradecerle que no nos agarró con un dolor de muelas... Es que a estas alturas todavía creen que uno anda muriéndose por ver de cerca a un escuálido, chico, qué desubicao…
Jhonny Moreno Resistiendo sobre ruedas
Siempre pasan cosas que le cambian a uno la vida, y a mí me ocurrió el 24 de diciembre de 1981. El 23 había estado en una fiesta en Caracas, y al otro día me fui de viaje para mi pueblo en el estado Yaracuy. Después de pasar El Palito, cerca de Morón, el chofer del carro en que iba se quedó dormido, se salió de la vía por un puente y nos estrellamos. No hubo víctimas pero sí lesionados leves. Mi lesión tampoco era grave, pero los pasajeros al ver que no me podía mover me sacaron del carro como pudieron, me halaron y me acostaron afuera. Al principio ningún carro se quería parar y yo necesitaba ayuda. Me montaron entonces en un camión que traía unos cochinos, y así me llevaron al hospital.
Después de hacerme las radiografías me dijeron que tenía una lesión en la columna vertebral. Una lesión que al principio no había sido grave, pero cuando la gente me haló para sacarme del carro, que es lo que los bomberos y paramédicos recomiendan no hacer, la fricción que tenía entre las vértebras cortaron la médula y ya no pude caminar más. Tuve que acostumbrarme desde entonces a andar en silla de ruedas.
Yo tenía 23 años, pero desde muchacho me había formado y había adquirido una conciencia política que me ayudó bastante en mi recuperación. A nosotros siempre se nos insistía en que sea cual fuere la adversidad el ser humano tiene que alzar sus banderas y seguir luchando. Tuve que dejar de estudiar, pero le puse empeño a la vida desde el proceso de rehabilitación. Las sesiones comenzaban a las seis de la mañana, y a veces eran las dos de la tarde y yo estaba ahí todavía. Los médicos me decían en broma: “Deja la fiebre, muchacho”.
Me dediqué a hacer unos cursos y a practicar atletismo. No había pasado un año desde el accidente cuando me seleccionaron para representar a Venezuela en los Juegos Panamericanos Especiales en Canadá; me traje medallas en los estilos: libre, mariposa y espalda. Después de eso me dediqué a practicar otras disciplinas atléticas y basquetbol. He participado cuatro veces en el maratón de Nueva York; la primera vez que asistí llegué en el puesto 12. La última vez que acudí fue en el año 2001, justo después del atentado contra las Torres Gemelas.
Aparte de eso he sido fundador de la Asociación de Deportistas sobre Sillas de Ruedas, facilitador de la Misión Robinson, educador de calle en el programa Niños de la Patria y ahora trabajo en un ambiente de la Misión Cultura.
El día 23 de enero del año 2002 sufrí otro accidente. Yo venía en una camioneta desde los Valles del Tuy, choqué con otro carro y me fracturé la pierna izquierda; tuvieron que ponerme un yeso que me obligaba a mantener la pierna recta. El golpe de Estado de abril me agarró andando en silla de ruedas, como siempre, y además sentado en una muleta que me sostenía la pierda por debajo y me la mantenía derecha.
No pude estar todo el tiempo en la calle porque mi suegra estaba recluida en el hospital Clínico Universitario. En ese hospital fui testigo de una situación bastante inhumana. La mayoría de los médicos eran antichavistas y celebraban y aplaudían cada vez que había noticias de los movimientos de la oposición, se veían contentos porque sabían que algo iba a pasar, que algo venía. Pero lo verdaderamente grave era que cuando se enteraban de que había allí un paciente que estaba con el proceso, le retardaban la operación, no lo atendían rápido, lo ponían a pasar trabajo. Yo vi ese tipo de cosas en el Clínico.
El 11 de abril, temprano, me fui para el centro porque ya la cosa estaba poniéndose muy tensa. Yo me iba enterando del desarrollo de la actividad de los antichavistas allá en el este, por radio y televisión, y también por teléfono conversando con amigos. Me fui en el metro, estuve frente a Miraflores y en el puente Llaguno, y antes de mediodía decidí irme para el Clínico porque mi mujer y su mamá estaban solas y muy nerviosas. Tomé otra vez el metro hasta la Ciudad Universitaria y me instalé con ellas a ver todo aquel conflicto en un televisor pequeño.
Los sucesos del 11 de abril, el golpe de Estado, los vi y los sufrí allí, en un cuarto de hospital. A las 11 de la noche, cuando se comenzó a decir que habían tumbado a Chávez, no aguanté más y me fui para El Valle, rodando en la silla de ruedas porque no había metro ni camionetas de pasajeros. No tuve chance ni de sentir el cansancio, porque no podía sacarme de la cabeza esa idea tan jodedora: tumbaron a Chávez, cómo puede ser posible. Creo que hasta lloré de la angustia y de la rabia.
Al otro día me fui hacia el Fuerte Tiuna. Algunos compatriotas que no me conocían me dijeron “Mire maestro, usted mejor se queda, eso va se va a poner feo por allá”. Les dije “No, yo no me quedo aquí, yo me voy con ustedes”. Nos lanzamos por toda la autopista, y cuando vamos llegando al Fuerte empezaron a caernos a plomo. No vimos de dónde venían los disparos, pero escuchamos las detonaciones y la gente se replegó. Un motorizado que pasó cerca me dijo que me agarrara de la parrilla y me remolcó de regreso a El Valle.
Me fui a la casa en la tarde para comer algo, y estaba en eso cuando se me aparece ahí un camarada del estado Yaracuy. Me volví a ir con él al Fuerte Tiuna remolcado otra vez por un motorizado a quien le pedí la cola. Estando allá me subieron hasta la entrada principal del Fuerte y ahí había otro gentío más. Eran como las seis de la tarde. Yo vi cuando salió el general García Carneiro y a todos nos volvió el alma al cuerpo, porque ya teníamos más o menos idea de cuál era la situación. Otro motorizado amigo me trajo hasta la casa (en esos dos días aprendí a andar de parrillero con la silla de ruedas), ya con noticias positivas. Era casi un hecho que a Chávez lo iban a rescatar pronto.
El 13 salí otra vez por allí mismo, por la zona. Me enteré de que había un montón de gente en el centro y en Miraflores, pero ese día tomé le decisión de quedarme en El Valle, donde de todas formas había una masa de gente impresionante.
El resto de la jornada, ya en la noche, el regreso de Chávez y el discurso en la madrugada, los vi por televisión.
Yo me siento satisfecho con lo que hice, que además era el único aporte que podía hacer dada mi discapacidad, la lesión y el yeso que tenía. Hacer presencia en la calle y estar junto al pueblo, eso era lo que debía hacer y fue lo que hice. Si me hubiera tocado agarrar un fusil para defender esto lo hubiera hecho.
Después de hacerme las radiografías me dijeron que tenía una lesión en la columna vertebral. Una lesión que al principio no había sido grave, pero cuando la gente me haló para sacarme del carro, que es lo que los bomberos y paramédicos recomiendan no hacer, la fricción que tenía entre las vértebras cortaron la médula y ya no pude caminar más. Tuve que acostumbrarme desde entonces a andar en silla de ruedas.
Yo tenía 23 años, pero desde muchacho me había formado y había adquirido una conciencia política que me ayudó bastante en mi recuperación. A nosotros siempre se nos insistía en que sea cual fuere la adversidad el ser humano tiene que alzar sus banderas y seguir luchando. Tuve que dejar de estudiar, pero le puse empeño a la vida desde el proceso de rehabilitación. Las sesiones comenzaban a las seis de la mañana, y a veces eran las dos de la tarde y yo estaba ahí todavía. Los médicos me decían en broma: “Deja la fiebre, muchacho”.
Me dediqué a hacer unos cursos y a practicar atletismo. No había pasado un año desde el accidente cuando me seleccionaron para representar a Venezuela en los Juegos Panamericanos Especiales en Canadá; me traje medallas en los estilos: libre, mariposa y espalda. Después de eso me dediqué a practicar otras disciplinas atléticas y basquetbol. He participado cuatro veces en el maratón de Nueva York; la primera vez que asistí llegué en el puesto 12. La última vez que acudí fue en el año 2001, justo después del atentado contra las Torres Gemelas.
Aparte de eso he sido fundador de la Asociación de Deportistas sobre Sillas de Ruedas, facilitador de la Misión Robinson, educador de calle en el programa Niños de la Patria y ahora trabajo en un ambiente de la Misión Cultura.
El día 23 de enero del año 2002 sufrí otro accidente. Yo venía en una camioneta desde los Valles del Tuy, choqué con otro carro y me fracturé la pierna izquierda; tuvieron que ponerme un yeso que me obligaba a mantener la pierna recta. El golpe de Estado de abril me agarró andando en silla de ruedas, como siempre, y además sentado en una muleta que me sostenía la pierda por debajo y me la mantenía derecha.
No pude estar todo el tiempo en la calle porque mi suegra estaba recluida en el hospital Clínico Universitario. En ese hospital fui testigo de una situación bastante inhumana. La mayoría de los médicos eran antichavistas y celebraban y aplaudían cada vez que había noticias de los movimientos de la oposición, se veían contentos porque sabían que algo iba a pasar, que algo venía. Pero lo verdaderamente grave era que cuando se enteraban de que había allí un paciente que estaba con el proceso, le retardaban la operación, no lo atendían rápido, lo ponían a pasar trabajo. Yo vi ese tipo de cosas en el Clínico.
El 11 de abril, temprano, me fui para el centro porque ya la cosa estaba poniéndose muy tensa. Yo me iba enterando del desarrollo de la actividad de los antichavistas allá en el este, por radio y televisión, y también por teléfono conversando con amigos. Me fui en el metro, estuve frente a Miraflores y en el puente Llaguno, y antes de mediodía decidí irme para el Clínico porque mi mujer y su mamá estaban solas y muy nerviosas. Tomé otra vez el metro hasta la Ciudad Universitaria y me instalé con ellas a ver todo aquel conflicto en un televisor pequeño.
Los sucesos del 11 de abril, el golpe de Estado, los vi y los sufrí allí, en un cuarto de hospital. A las 11 de la noche, cuando se comenzó a decir que habían tumbado a Chávez, no aguanté más y me fui para El Valle, rodando en la silla de ruedas porque no había metro ni camionetas de pasajeros. No tuve chance ni de sentir el cansancio, porque no podía sacarme de la cabeza esa idea tan jodedora: tumbaron a Chávez, cómo puede ser posible. Creo que hasta lloré de la angustia y de la rabia.
Al otro día me fui hacia el Fuerte Tiuna. Algunos compatriotas que no me conocían me dijeron “Mire maestro, usted mejor se queda, eso va se va a poner feo por allá”. Les dije “No, yo no me quedo aquí, yo me voy con ustedes”. Nos lanzamos por toda la autopista, y cuando vamos llegando al Fuerte empezaron a caernos a plomo. No vimos de dónde venían los disparos, pero escuchamos las detonaciones y la gente se replegó. Un motorizado que pasó cerca me dijo que me agarrara de la parrilla y me remolcó de regreso a El Valle.
Me fui a la casa en la tarde para comer algo, y estaba en eso cuando se me aparece ahí un camarada del estado Yaracuy. Me volví a ir con él al Fuerte Tiuna remolcado otra vez por un motorizado a quien le pedí la cola. Estando allá me subieron hasta la entrada principal del Fuerte y ahí había otro gentío más. Eran como las seis de la tarde. Yo vi cuando salió el general García Carneiro y a todos nos volvió el alma al cuerpo, porque ya teníamos más o menos idea de cuál era la situación. Otro motorizado amigo me trajo hasta la casa (en esos dos días aprendí a andar de parrillero con la silla de ruedas), ya con noticias positivas. Era casi un hecho que a Chávez lo iban a rescatar pronto.
El 13 salí otra vez por allí mismo, por la zona. Me enteré de que había un montón de gente en el centro y en Miraflores, pero ese día tomé le decisión de quedarme en El Valle, donde de todas formas había una masa de gente impresionante.
El resto de la jornada, ya en la noche, el regreso de Chávez y el discurso en la madrugada, los vi por televisión.
Yo me siento satisfecho con lo que hice, que además era el único aporte que podía hacer dada mi discapacidad, la lesión y el yeso que tenía. Hacer presencia en la calle y estar junto al pueblo, eso era lo que debía hacer y fue lo que hice. Si me hubiera tocado agarrar un fusil para defender esto lo hubiera hecho.
¿Por qué desapareció la leche?
¿Por qué desapareció la leche?
Casi ocho meses hemos estado los venezolanos soportando y padeciendo la escasez de leche: no había en los mercados, abastos y bodegas donde siempre hubo. En estos días se empieza a notar una mejoría. El fin de semana, Pueblo en Revolución realizó un recorrido por el mercado de Catia y verificó que los buhoneros y algunas tiendas ya tienen leche. Poco a poco vamos volviendo a la normalidad. Sin embargo, todos tenemos derecho a saber por qué desapareció la leche y los medios no informan, o informan cosas distintas. Acá recopilamos una explicación, resumen de las muchas explicaciones más serias y documentadas que se han publicado en el mundo (porque si nos conformamos con las explicaciones de los medios venezolanos, mi llave…).
Equipo Pueblo en Revolución
Por mucho que quieran echarles la culpa a Chávez y al Gobierno, el problema empezó a detectarse hacia el mes de mayo de 2007, y no fue en Venezuela sino en Europa. Pero primero vamos por partes, para que se entienda.
Desde hace años hemos sabido aquí en Venezuela en qué consiste el acaparamiento, cuándo y quiénes lo aplican. Desde siempre los grandes empresarios, productores, distribuidores y hasta algunos pequeños vendedores han “escondido” los productos, a veces para presionar jugando a la escasez y removiéndole la rabia al pueblo, y a veces para esperar un aumento de precios y así poder sacarlos a la venta con precio nuevo. El 27 de febrero de 1989 fue una ocasión muy dolorosa para que la gente descubriera en los depósitos y almacenes de los supermercados mercancías que hasta el día anterior se le había negado: toneladas de leche, café, azúcar. En 2002 y 2003 pasó algo parecido, pero más descarado: los acaparadores dijeron a todo gañote que no venderían más comida hasta que Chávez no renunciara, y ya sabemos en qué paró esa payasada. Ahora, entre 2007 y 2008, pasó o está pasando algo un poco distinto. Un poquito nada más. Pero hay que meterle el diente para que se entienda mejor.
Vamos con un ejemplo. Imagínese que su familia antes se tomaba un litro de leche y de pronto ahora se toma dos litros. Eso no va a vaciar los estantes de la panadería o el abasto donde usted compra, porque resulta que en su barrio viven otras 200 familias y ninguna toma leche, o toma muy poquita. Pero de repente el barrio completo se desata y cada familia empieza a tomarse diez litros. Entonces el Portu sí se empieza poner los patines. Primero estará muy contento, cómo no, porque empezará a vender como nunca antes. Pero después se encontrará con que el lechero ya no puede venderle 100 litros de leche sino 50. Y entonces usted, que no puede estar todo el día metido en la panadería esperando la leche, empieza a sentir que le falta.
Algo parecido le pasó al planeta tierra el año pasado. “El Diario Montañés”, de España (allá estaban preocupados, no por la escasez sino por los precios de la leche), publicó en agosto de 2007 un análisis en el cual se lee esto: “…el problema mayor que se tiene en la actualidad es que la leche a nivel mundial es muy escasa, debido a que el país que garantizaba el producto en los mercados internacionales, Nueva Zelanda, firmó un contrato de suministro por 20 años con China, nación con un crecimiento vertiginoso cuya población superior a las mil trescientas millones de personas, consume casi todos los productos agropecuarios que anteriormente formaban parte de los excedentes disponibles en los mercados internacionales”.
Dice la BBC de Londres que, de acuerdo a la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), el consumo de leche en China aumentó de 26 kilocalorías por persona en 2002 a 43 en 2005, y esa cantidad se duplicó en 2007.
Un periódico chileno llamado “Diario Financiero” echa este otro cuento:
Los crecientes ingresos, desde China e India hasta América Latina y el Medio Oriente, están sacando a millones de personas de la pobreza e insertándolas en las clases medias. Junto a los automóviles con estilo y los televisores de pantalla plana, la leche es el sello del nuevo dinero, una fuente significativa de proteína que interviene fuertemente en la dieta de cualquier persona acomodada. La leche está en las fórmulas alimenticias infantiles, en los chocolates, los helados y el queso.
Ajá pero, ¿por qué en Venezuela
Aquí en Venezuela, donde los medios de comunicación culpan a Chávez hasta porque llueve y porque hace calor, por supuesto aprovecharon la situación para culpar al presidente y al comunismo por la escasez. Cuando los funcionarios del Gobierno salieron a explicar esto de la escasez mundial los rebotaban feo, se burlaban de ellos: “¿Qué tiene que ver China con Venezuela?”, decían.
Y uno casi se lo cree, de no ser porque de pronto apareció en escena, en octubre de 2007, una gentecita llamada Federación Nacional de Ganaderos (FEDENAGA), es decir, los dueños de la producción lechera en Venezuela, y reconocieron lo de la escasez mundial. Claro que cuando les preguntaron cuál era la solución echaron para afuera el chantaje: “Hay que aumentar los precios y evitar la invasión de fincas”, dijeron. Palabras textuales de Genaro Méndez: “en todos lados, tanto en los países de América como a nivel mundial la leche ha subido de precios, se ha duplicado el precio a nivel de finca, de Brasil, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Centroamérica; eso por el incremento del precio a nivel mundial”. Y listo: ellos no producen leche porque quieren que se venda más cara.
Uno se entera de esto y provoca buscar al tal Genaro Méndez y a sus muñecos de la FEDENAGA y escupirles la cara. Y eso que parecen monjitas de la caridad al lado de sus colegas peruanos de la Asociación de Ganaderos Lecheros del Perú (Agalep): estos bichos derramaron diez mil litros de leche fresca en las calles de Trujillo (noroeste del Perú) para reclamar que los industriales aumentaran el precio en 30 por ciento. Lo justificaron así: “10 mil litros de leche derramados no son nada comparados con los 2 mil millones con los que se abastece diariamente la industria", dijo Javier Valera, presidente de la cosa esa de ganaderos.
Uno no debe extrañarse a estas alturas de estos mecanismos del capitalismo. Aquí mismo en Venezuela, cuando el gobierno de Lusinchi, los ganaderos sacrificaron 20 mil vacas jóvenes de raza Holstein porque los alimentos concentrados aumentaron de precio y no resultaba rentable eso de darles comida. La lógica del capitalismo funciona así: como ya esas vacas no les iban a generar más riquezas a sus dueños éstos prefirieron matarlas antes que dársela o vendérsela más barata a la gente que estaba pasando hambre.
Estos son los sucios que hoy quieren otra vez regresar al poder…
Para completar el cuadrito, en noviembre la Guardia Nacional detectó un movimiento poco usual de cargamentos de comida hacia Colombia, y vaya sorpresa: en esos cargamentos (que superaron en total las mil toneladas) abundaba la leche y otros productos que también escaseaban, como el azúcar y el aceite. Como si nos sobrara la comida, también nos la contrabandeaban para Colombia. Tú sabes, ese país cuyo presidente nos quiere tanto.
Tenemos entonces que el Gobierno nacional ha debido ceder para que las cosas no siguieran empeorando para los menos favorecidos. Ya hay leche y poco a poco veremos como se llenan los abastos y supermercados. Los precios no nos caerán precisamente simpáticos, pero es lo que hay: los millonarios coronan su negocio de siempre y nosotros tenemos leche al alcance. Habrá que voltear esa tortilla algún día.
Así que, mientras nos acostumbramos a que en toda guerra (como esta guerra sin cañonazos que padecemos) las partes negocian y llegan a acuerdos, haríamos bien en pensar bien en esas formas alternativas de producción y distribución más humanas y más parecidas a la nueva sociedad que queremos: ¿cómo hacer para que los alimentos lleguen a toda la población y no sólo al que puede pagarlos? ¿Cuándo vamos a caerle en serio al desarrollo endógeno, al socialismo o aunque sea a las formas cooperativistas de producción?
Lo dejamos hasta ahí y lo discutimos en la próxima.
El cuento, resumidito:
Venezuela es uno de los países del mundo que consume más leche en polvo; la mayoría la consume líquida.
Nuestro país produce la mitad de la leche que consumimos; la otra mitad tiene que importarla. Los graciosos que producen la leche en Venezuela se negaron a seguir produciendo porque la ganancia que recibían era muy poquita (para vivir en mansiones y financiar golpes de Estado hace falta mucho real).
La leche que se consume en el mundo la procesan y la venden los multimillonarios. El capitalismo impuso unas reglas de juego asquerosas pero todo el mundo las acepta sin protestar: el que consume leche es porque tiene con qué pagarla. Los pobres de América Latina tenemos que hacer magia para que nos toque algo. Qué quedará para los pobres de África…
Hasta hace poco los chinos (que ya son como 1.400 millones de personas) no consumían leche procesada (pasteurizada o en polvo), porque su historia y su cultura no les creó esa necesidad. De pronto, hacia 2006, le cogieron el gustico y empezaron a consumirla en grandes cantidades, y esto creó una escasez mundial de leche. Y esto hay que resaltarlo: la escasez no es sólo en Venezuela sino en todo el mundo.
La India y América Latina también empezaron a demandar más consumo (porque hay más gente y esa gente tiene más plata que antes).
En casi todos los países la cosa se resolvió más o menos fácil: los empresarios negociaron con los Gobiernos para aumentar los precios de la leche y listo, el que proteste se le tira la policía encima y chao pescao. En Perú, como el Gobierno no quería aumentar los precios, los ganaderos botaron en la calle 10 mil litros de leche como forma de protesta. Los ricos son así: si no se hacen más ricos vendiendo la comida que necesitamos los pobres, prefieren botarla.
En Venezuela, donde tenemos un Gobierno que caza más peleas que acuerdos con los multimillonarios dueños del negocio de los alimentos, la leche “desapareció”. Los empresarios no botaron 10 la leche en el piso como en Perú, pero no quisieron producir la leche necesaria. Todo porque el Gobierno no aumentó los precios. A los ganaderos esto les molesta. Por años se acostumbraron a una mantequillita en la cual ellos tienen que ganarle más del triple, el cuádruple o el mil por ciento a todo, porque si no, no es negocio para ellos. ¡Sabroso, carajo!
El presidente Hugo Chávez, decretó la semana pasada la creación de la Fundación Fondo Nacional para la Producción Lechera, organismo adscrito a PDVSA. La fundación se encargará de comprar, vender, importar, exportar, distribuir y comercializar productos lácteos, sus subproductos, así como obtener la maquinaria, los equipos y los insumos necesarios para el mejoramiento del rebaño bovino del país y para la más adecuada alimentación de las especies lecheras. La empresa tendrá la tarea de financiar y coordinar programas de subsidios implementados por el Ejecutivo Nacional a favor de los productores de leche.
Casi ocho meses hemos estado los venezolanos soportando y padeciendo la escasez de leche: no había en los mercados, abastos y bodegas donde siempre hubo. En estos días se empieza a notar una mejoría. El fin de semana, Pueblo en Revolución realizó un recorrido por el mercado de Catia y verificó que los buhoneros y algunas tiendas ya tienen leche. Poco a poco vamos volviendo a la normalidad. Sin embargo, todos tenemos derecho a saber por qué desapareció la leche y los medios no informan, o informan cosas distintas. Acá recopilamos una explicación, resumen de las muchas explicaciones más serias y documentadas que se han publicado en el mundo (porque si nos conformamos con las explicaciones de los medios venezolanos, mi llave…).
Equipo Pueblo en Revolución
Por mucho que quieran echarles la culpa a Chávez y al Gobierno, el problema empezó a detectarse hacia el mes de mayo de 2007, y no fue en Venezuela sino en Europa. Pero primero vamos por partes, para que se entienda.
Desde hace años hemos sabido aquí en Venezuela en qué consiste el acaparamiento, cuándo y quiénes lo aplican. Desde siempre los grandes empresarios, productores, distribuidores y hasta algunos pequeños vendedores han “escondido” los productos, a veces para presionar jugando a la escasez y removiéndole la rabia al pueblo, y a veces para esperar un aumento de precios y así poder sacarlos a la venta con precio nuevo. El 27 de febrero de 1989 fue una ocasión muy dolorosa para que la gente descubriera en los depósitos y almacenes de los supermercados mercancías que hasta el día anterior se le había negado: toneladas de leche, café, azúcar. En 2002 y 2003 pasó algo parecido, pero más descarado: los acaparadores dijeron a todo gañote que no venderían más comida hasta que Chávez no renunciara, y ya sabemos en qué paró esa payasada. Ahora, entre 2007 y 2008, pasó o está pasando algo un poco distinto. Un poquito nada más. Pero hay que meterle el diente para que se entienda mejor.
Vamos con un ejemplo. Imagínese que su familia antes se tomaba un litro de leche y de pronto ahora se toma dos litros. Eso no va a vaciar los estantes de la panadería o el abasto donde usted compra, porque resulta que en su barrio viven otras 200 familias y ninguna toma leche, o toma muy poquita. Pero de repente el barrio completo se desata y cada familia empieza a tomarse diez litros. Entonces el Portu sí se empieza poner los patines. Primero estará muy contento, cómo no, porque empezará a vender como nunca antes. Pero después se encontrará con que el lechero ya no puede venderle 100 litros de leche sino 50. Y entonces usted, que no puede estar todo el día metido en la panadería esperando la leche, empieza a sentir que le falta.
Algo parecido le pasó al planeta tierra el año pasado. “El Diario Montañés”, de España (allá estaban preocupados, no por la escasez sino por los precios de la leche), publicó en agosto de 2007 un análisis en el cual se lee esto: “…el problema mayor que se tiene en la actualidad es que la leche a nivel mundial es muy escasa, debido a que el país que garantizaba el producto en los mercados internacionales, Nueva Zelanda, firmó un contrato de suministro por 20 años con China, nación con un crecimiento vertiginoso cuya población superior a las mil trescientas millones de personas, consume casi todos los productos agropecuarios que anteriormente formaban parte de los excedentes disponibles en los mercados internacionales”.
Dice la BBC de Londres que, de acuerdo a la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), el consumo de leche en China aumentó de 26 kilocalorías por persona en 2002 a 43 en 2005, y esa cantidad se duplicó en 2007.
Un periódico chileno llamado “Diario Financiero” echa este otro cuento:
Los crecientes ingresos, desde China e India hasta América Latina y el Medio Oriente, están sacando a millones de personas de la pobreza e insertándolas en las clases medias. Junto a los automóviles con estilo y los televisores de pantalla plana, la leche es el sello del nuevo dinero, una fuente significativa de proteína que interviene fuertemente en la dieta de cualquier persona acomodada. La leche está en las fórmulas alimenticias infantiles, en los chocolates, los helados y el queso.
Ajá pero, ¿por qué en Venezuela
Aquí en Venezuela, donde los medios de comunicación culpan a Chávez hasta porque llueve y porque hace calor, por supuesto aprovecharon la situación para culpar al presidente y al comunismo por la escasez. Cuando los funcionarios del Gobierno salieron a explicar esto de la escasez mundial los rebotaban feo, se burlaban de ellos: “¿Qué tiene que ver China con Venezuela?”, decían.
Y uno casi se lo cree, de no ser porque de pronto apareció en escena, en octubre de 2007, una gentecita llamada Federación Nacional de Ganaderos (FEDENAGA), es decir, los dueños de la producción lechera en Venezuela, y reconocieron lo de la escasez mundial. Claro que cuando les preguntaron cuál era la solución echaron para afuera el chantaje: “Hay que aumentar los precios y evitar la invasión de fincas”, dijeron. Palabras textuales de Genaro Méndez: “en todos lados, tanto en los países de América como a nivel mundial la leche ha subido de precios, se ha duplicado el precio a nivel de finca, de Brasil, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Centroamérica; eso por el incremento del precio a nivel mundial”. Y listo: ellos no producen leche porque quieren que se venda más cara.
Uno se entera de esto y provoca buscar al tal Genaro Méndez y a sus muñecos de la FEDENAGA y escupirles la cara. Y eso que parecen monjitas de la caridad al lado de sus colegas peruanos de la Asociación de Ganaderos Lecheros del Perú (Agalep): estos bichos derramaron diez mil litros de leche fresca en las calles de Trujillo (noroeste del Perú) para reclamar que los industriales aumentaran el precio en 30 por ciento. Lo justificaron así: “10 mil litros de leche derramados no son nada comparados con los 2 mil millones con los que se abastece diariamente la industria", dijo Javier Valera, presidente de la cosa esa de ganaderos.
Uno no debe extrañarse a estas alturas de estos mecanismos del capitalismo. Aquí mismo en Venezuela, cuando el gobierno de Lusinchi, los ganaderos sacrificaron 20 mil vacas jóvenes de raza Holstein porque los alimentos concentrados aumentaron de precio y no resultaba rentable eso de darles comida. La lógica del capitalismo funciona así: como ya esas vacas no les iban a generar más riquezas a sus dueños éstos prefirieron matarlas antes que dársela o vendérsela más barata a la gente que estaba pasando hambre.
Estos son los sucios que hoy quieren otra vez regresar al poder…
Para completar el cuadrito, en noviembre la Guardia Nacional detectó un movimiento poco usual de cargamentos de comida hacia Colombia, y vaya sorpresa: en esos cargamentos (que superaron en total las mil toneladas) abundaba la leche y otros productos que también escaseaban, como el azúcar y el aceite. Como si nos sobrara la comida, también nos la contrabandeaban para Colombia. Tú sabes, ese país cuyo presidente nos quiere tanto.
Tenemos entonces que el Gobierno nacional ha debido ceder para que las cosas no siguieran empeorando para los menos favorecidos. Ya hay leche y poco a poco veremos como se llenan los abastos y supermercados. Los precios no nos caerán precisamente simpáticos, pero es lo que hay: los millonarios coronan su negocio de siempre y nosotros tenemos leche al alcance. Habrá que voltear esa tortilla algún día.
Así que, mientras nos acostumbramos a que en toda guerra (como esta guerra sin cañonazos que padecemos) las partes negocian y llegan a acuerdos, haríamos bien en pensar bien en esas formas alternativas de producción y distribución más humanas y más parecidas a la nueva sociedad que queremos: ¿cómo hacer para que los alimentos lleguen a toda la población y no sólo al que puede pagarlos? ¿Cuándo vamos a caerle en serio al desarrollo endógeno, al socialismo o aunque sea a las formas cooperativistas de producción?
Lo dejamos hasta ahí y lo discutimos en la próxima.
El cuento, resumidito:
Venezuela es uno de los países del mundo que consume más leche en polvo; la mayoría la consume líquida.
Nuestro país produce la mitad de la leche que consumimos; la otra mitad tiene que importarla. Los graciosos que producen la leche en Venezuela se negaron a seguir produciendo porque la ganancia que recibían era muy poquita (para vivir en mansiones y financiar golpes de Estado hace falta mucho real).
La leche que se consume en el mundo la procesan y la venden los multimillonarios. El capitalismo impuso unas reglas de juego asquerosas pero todo el mundo las acepta sin protestar: el que consume leche es porque tiene con qué pagarla. Los pobres de América Latina tenemos que hacer magia para que nos toque algo. Qué quedará para los pobres de África…
Hasta hace poco los chinos (que ya son como 1.400 millones de personas) no consumían leche procesada (pasteurizada o en polvo), porque su historia y su cultura no les creó esa necesidad. De pronto, hacia 2006, le cogieron el gustico y empezaron a consumirla en grandes cantidades, y esto creó una escasez mundial de leche. Y esto hay que resaltarlo: la escasez no es sólo en Venezuela sino en todo el mundo.
La India y América Latina también empezaron a demandar más consumo (porque hay más gente y esa gente tiene más plata que antes).
En casi todos los países la cosa se resolvió más o menos fácil: los empresarios negociaron con los Gobiernos para aumentar los precios de la leche y listo, el que proteste se le tira la policía encima y chao pescao. En Perú, como el Gobierno no quería aumentar los precios, los ganaderos botaron en la calle 10 mil litros de leche como forma de protesta. Los ricos son así: si no se hacen más ricos vendiendo la comida que necesitamos los pobres, prefieren botarla.
En Venezuela, donde tenemos un Gobierno que caza más peleas que acuerdos con los multimillonarios dueños del negocio de los alimentos, la leche “desapareció”. Los empresarios no botaron 10 la leche en el piso como en Perú, pero no quisieron producir la leche necesaria. Todo porque el Gobierno no aumentó los precios. A los ganaderos esto les molesta. Por años se acostumbraron a una mantequillita en la cual ellos tienen que ganarle más del triple, el cuádruple o el mil por ciento a todo, porque si no, no es negocio para ellos. ¡Sabroso, carajo!
El presidente Hugo Chávez, decretó la semana pasada la creación de la Fundación Fondo Nacional para la Producción Lechera, organismo adscrito a PDVSA. La fundación se encargará de comprar, vender, importar, exportar, distribuir y comercializar productos lácteos, sus subproductos, así como obtener la maquinaria, los equipos y los insumos necesarios para el mejoramiento del rebaño bovino del país y para la más adecuada alimentación de las especies lecheras. La empresa tendrá la tarea de financiar y coordinar programas de subsidios implementados por el Ejecutivo Nacional a favor de los productores de leche.
Colombia asesina campesinos para hacerlos pasar por guerrilleros
No lo dice Chávez sino el Washington Post
Europa Press / Crítica Argentina
El periódico estadounidense 'The Washington Post' denunció hoy el aumento de campesinos asesinados por el Ejército colombiano para hacerles pasar por miembros de la guerrilla, basándose en los informes de grupos pro Derechos Humanos, investigadores de Naciones Unidas y funcionarios del Gobierno de Estados Unidos.
Según el periódico, "bajo la presión de los comandantes militares para registrar muertes en combate, en los últimos años, el Ejército ha asesinado cada vez más a campesinos inocentes haciéndolos pasar por guerrilleros".
"Hay diferentes registros sobre el número de ejecuciones extrajudiciales, como son llamadas las muertes de civiles. Pero un informe de una coalición de 187 grupos de Derechos Humanos dijo que 955 civiles murieron entre 2002 y 2007 y fueron clasificados como guerrilleros caídos en combate, un 60 por ciento más que hace cinco años en los que sólo hubo 577 muertos por las tropas", publicó el diario.
"Los asesinatos, perpetrados por unidades bajo las órdenes de comandantes regionales, siempre han sido un problema en el oscuro conflicto que ya cumple 44 años", agrega el Washington Post. Pero, añade, con la reciente desmovilización de miles de combatientes paramilitares, muchos de los cuales operaban en escuadrones de la muerte para eliminar rebeldes, los asesinatos de civiles a manos del Ejército han crecido enormemente desde 2004.
Al parecer, esta táctica habría desencadenado un feroz debate dentro del Ministerio de Defensa colombiano, entre el lado más tradicional, que aboga por el desarrollo de una agresiva campaña que se centre en el número de cuerpos, y entre los reformistas, que proponen que el Ejército desarrolle otros criterios para medir el éxito en el campo de batalla, según afirma el artículo.
En Colombia los llaman “falsos positivos”. Así entendidos, parecen una simple estadística. Pero cuando se les pone nombre y apellido adquieren dimensión de tragedia, según informa Federico Rivas Molina en el periódico Crítica Argentina. Como la del vendedor ambulante Israel Rodríguez, que el mes pasado salió a pescar y nunca volvió. Finalmente, su familia encontró el cuerpo envuelto en una bolsa de plástico y enterrado: el ejército colombiano lo había clasificado como guerrillero de las FARC muerto en combate. El caso fue revelado por el diario norteamericano Los Angeles Times. Los organismos de derechos humanos de Colombia lo integraron en el fenómeno de los “falsos positivos”. Las Fuerzas Armadas asesinan civiles, normalmente campesinos o jóvenes, y los identifican ante el gobierno como guerrilleros. La práctica es el resultado de la intensa presión por parte de Estados Unidos, principal financista de la guerra contra las FARC, para que Colombia muestre progresos. Cuando más muertos, más seguro el flujo de dinero que baja desde el norte.
La hermana de Rodríguez, Adelaida, dijo a Los Angeles Times que su hermano había servido tres años en el ejército y no era guerrillero ni simpatizaba con la guerrilla. “Nunca le hizo ningún problema a nadie”, dijo, agregando que creía que el ejército mató a su hermano para “ganar puntos”. El Observatorio de Derechos Humanos colombiano elaboró a fines de 2007 un informe basado en testimonios y documentos que estableció en 955 los casos de personas asesinadas en operativos extrajudiciales desde 2002, cuando asumió el gobierno de Álvaro Uribe. Colombia mereció por estas prácticas una reprimenda del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. En su informe del año pasado, recomendó a Uribe “revisar los parámetros aplicados para medir los resultados operacionales de los cuerpos militares y policiales para erradicar las ejecuciones extrajudiciales”. En otras palabras, lo que la ONU pidió al gobierno fue que la campaña contra las FARC y el ELN se mida en términos de desmovilizados y capturados, y no sólo de muertos.
El gobierno recibió los informes sin demasiado interés, escudado en el argumento de que la guerrilla ha asumido la nueva estrategia de decir que cualquier muerto es un falso positivo. Ante la insistencia de los demócratas norteamericanos en vincular los excesos del ejército colombiano con el bloqueo parlamentario del Tratado de Libre Comercio firmado por Uribe y Bush, Bogotá asumió algunos paliativos. Ordenó la transferencia de todas la denuncias de los tribunales militares a los civiles y una campaña interna de adoctrinamiento en derechos humanos.
El senador Gustavo Petro, del opositor Polo Democrático, aseguró que en los dos últimos años “se han presentado más de cinco mil detenciones arbitrarias por pago de informantes y han sido asesinadas alrededor de 200 personas”. La operación es simple: falsos testigos arreglados con el ejército cobran por identificar a falsos guerrilleros que son ejecutados en falsos enfrentamientos. La recompensa se reparte entre todos. Mentiras de una guerra muy verdadera.
Europa Press / Crítica Argentina
El periódico estadounidense 'The Washington Post' denunció hoy el aumento de campesinos asesinados por el Ejército colombiano para hacerles pasar por miembros de la guerrilla, basándose en los informes de grupos pro Derechos Humanos, investigadores de Naciones Unidas y funcionarios del Gobierno de Estados Unidos.
Según el periódico, "bajo la presión de los comandantes militares para registrar muertes en combate, en los últimos años, el Ejército ha asesinado cada vez más a campesinos inocentes haciéndolos pasar por guerrilleros".
"Hay diferentes registros sobre el número de ejecuciones extrajudiciales, como son llamadas las muertes de civiles. Pero un informe de una coalición de 187 grupos de Derechos Humanos dijo que 955 civiles murieron entre 2002 y 2007 y fueron clasificados como guerrilleros caídos en combate, un 60 por ciento más que hace cinco años en los que sólo hubo 577 muertos por las tropas", publicó el diario.
"Los asesinatos, perpetrados por unidades bajo las órdenes de comandantes regionales, siempre han sido un problema en el oscuro conflicto que ya cumple 44 años", agrega el Washington Post. Pero, añade, con la reciente desmovilización de miles de combatientes paramilitares, muchos de los cuales operaban en escuadrones de la muerte para eliminar rebeldes, los asesinatos de civiles a manos del Ejército han crecido enormemente desde 2004.
Al parecer, esta táctica habría desencadenado un feroz debate dentro del Ministerio de Defensa colombiano, entre el lado más tradicional, que aboga por el desarrollo de una agresiva campaña que se centre en el número de cuerpos, y entre los reformistas, que proponen que el Ejército desarrolle otros criterios para medir el éxito en el campo de batalla, según afirma el artículo.
En Colombia los llaman “falsos positivos”. Así entendidos, parecen una simple estadística. Pero cuando se les pone nombre y apellido adquieren dimensión de tragedia, según informa Federico Rivas Molina en el periódico Crítica Argentina. Como la del vendedor ambulante Israel Rodríguez, que el mes pasado salió a pescar y nunca volvió. Finalmente, su familia encontró el cuerpo envuelto en una bolsa de plástico y enterrado: el ejército colombiano lo había clasificado como guerrillero de las FARC muerto en combate. El caso fue revelado por el diario norteamericano Los Angeles Times. Los organismos de derechos humanos de Colombia lo integraron en el fenómeno de los “falsos positivos”. Las Fuerzas Armadas asesinan civiles, normalmente campesinos o jóvenes, y los identifican ante el gobierno como guerrilleros. La práctica es el resultado de la intensa presión por parte de Estados Unidos, principal financista de la guerra contra las FARC, para que Colombia muestre progresos. Cuando más muertos, más seguro el flujo de dinero que baja desde el norte.
La hermana de Rodríguez, Adelaida, dijo a Los Angeles Times que su hermano había servido tres años en el ejército y no era guerrillero ni simpatizaba con la guerrilla. “Nunca le hizo ningún problema a nadie”, dijo, agregando que creía que el ejército mató a su hermano para “ganar puntos”. El Observatorio de Derechos Humanos colombiano elaboró a fines de 2007 un informe basado en testimonios y documentos que estableció en 955 los casos de personas asesinadas en operativos extrajudiciales desde 2002, cuando asumió el gobierno de Álvaro Uribe. Colombia mereció por estas prácticas una reprimenda del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. En su informe del año pasado, recomendó a Uribe “revisar los parámetros aplicados para medir los resultados operacionales de los cuerpos militares y policiales para erradicar las ejecuciones extrajudiciales”. En otras palabras, lo que la ONU pidió al gobierno fue que la campaña contra las FARC y el ELN se mida en términos de desmovilizados y capturados, y no sólo de muertos.
El gobierno recibió los informes sin demasiado interés, escudado en el argumento de que la guerrilla ha asumido la nueva estrategia de decir que cualquier muerto es un falso positivo. Ante la insistencia de los demócratas norteamericanos en vincular los excesos del ejército colombiano con el bloqueo parlamentario del Tratado de Libre Comercio firmado por Uribe y Bush, Bogotá asumió algunos paliativos. Ordenó la transferencia de todas la denuncias de los tribunales militares a los civiles y una campaña interna de adoctrinamiento en derechos humanos.
El senador Gustavo Petro, del opositor Polo Democrático, aseguró que en los dos últimos años “se han presentado más de cinco mil detenciones arbitrarias por pago de informantes y han sido asesinadas alrededor de 200 personas”. La operación es simple: falsos testigos arreglados con el ejército cobran por identificar a falsos guerrilleros que son ejecutados en falsos enfrentamientos. La recompensa se reparte entre todos. Mentiras de una guerra muy verdadera.
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